Según la terminología actual, Ulrike fue una terrorista.
Pero sus reclamos políticos nos son velados por una gran sombra de miedo; la estrategia del miedo, promovida por los poderes políticos, y rigurosamente vigilada y expandida por los medios de comunicación, suponen la forma de control imprescindible para el “correcto” funcionamiento de un sistema, construido sobre los puros intereses materiales, que tanto desvirtúan la esencia de lo humano.
Este funcionamiento “correcto”, este estado de cosas, subvierte nuestra esencia humana: de ciudadanos con derechos a meros consumidores. El espacio de reconocimiento y poder está ligado a nuestra capacidad de consumo sin fin; la mayor parte de la investigación y del progreso están enfocados para su desarrollo.
Sometidos al engranaje imparable del mercado, nos convertimos en espejismos de lo humano: seres frustrados y ávidos, anhelantes de millones de ofertas imposibles de obtener, flojos de salud, depredadores de nuestra propia especie y de nuestro entorno, y por lo tanto, siempre lejos, cada vez más lejos, de nuestra verdadera naturaleza.

Proyecto Ulrike no es un trabajo biográfico sobre Ulrike Meinhof. Con el pretexto de la narración del proceso de aniquilamiento psíquico y físico de una persona, mediante métodos terroristas aplicados por un Estado, se abre la investigación sobre el lado más humano de la dicotomía verdugo-víctima en la diatriba del terror, y sobre algunas de las posibles causas de la opción por la violencia como motor de cambio. Como artistas comprometidos con nuestro tiempo, sentimos la necesidad de abrir este debate, de plantear preguntas. Son ustedes los que deben indagar en la consecución de las respuestas.
